La recarga de la munición es una de las labores que realiza el usuario de armas para preparar su munición para caza y competición.

Hoy en día existe en el mercado una variedad enorme de componentes para realizar la recarga óptima de munición para nuestra arma: manuales de recarga, tablas de recarga, matrices, balanzas etc… así como también hay bastante información en la red, como es habitual entre foros y blogs.

Lo primero, tener en cuenta el uso que vamos hacer de ese binomio que es el arma-cartucho. Comprobar que el estado del arma es perfecto en cuanto a ajustes y funcionamiento y, que los componentes de recarga son de calidad y los adecuados.

Esta introducción no se queda sin su ejemplo. Veamos ilustrativamente cómo hay mucho más que investigar antes de echarse a recargar.

Tenemos un Mauser OVIEDO 1893 en calibre 7×57 Mauser Español, la lógica nos dice que la munición comercial de hoy en día del calibre 7×57 es correcta, pero no la más adecuada. La munición cargada hoy en días cumple las especificaciones CIP de este momento para armas fabricadas hoy en día con la metalurgia actual y soportando presiones mayores que las de 1893.

¿Fabricaban mal entonces? Ni mucho menos. Fabricaban con la tecnología disponible, y, además, hay que tener en cuenta el avance tecnológico que ha generado una evolución en los materiales desde entonces.

 El proceso de fabricación del Mauser era el siguiente:

  1. Acero con un bajo contenido en carbono al que una que vez terminado el proceso de mecanizado se le daba un tratamiento de cementación superficial añadiéndole carbono.
  2. Después, un templado para aumentar la dureza superficial. Esto crea un endurecimiento superficial del acero y un núcleo más blando para aumentar la tenacidad y resistencia a los golpes, vibraciones, y torsiones producidas durante el disparo.
  3. Después se realizaba un revenido a la pieza de acero para homogenizar la estructura y llevar la dureza y tenacidad al punto óptimo de seguridad deseado para el cartucho 7×57 Mauser desarrollado para el fusil. Hay que tener en cuenta que las presiones y velocidades de los cartuchos de aquella época eran otros, normalmente más modestos.

Un ejemplo de ello es el Fusil Norteamericano Springfield 03. Se utilizó un sistema metalúrgico parecido y con un acero similar al Coruña 1893, hasta que en los años 20 cambiaron el acero al carbono inicial por un acero con más cromo y níquel, esto ofrecía más resistencia y un nivel de rotura superior.

Estos dos ejemplos se pueden trasladar tanto a fusil como pistolas y escopetas.

En todas las armas clásicas a la hora de recargar munición es importantísimo conocer las características de la munición que se desarrolló para esas armas en su origen y, en la medida de lo posible, reproducirla en cuanto a presiones y velocidades. Como se hizo un trabajo enorme en el desarrollo del binomio arma-cartucho, se deben aprovechar esos datos para realizar la recarga de la munición, esto redunda en precisión, seguridad y, de paso, no castigamos el arma con presiones que como mínimo nos llevan al desgaste y desajuste del arma.

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