UN RIFLE CUSTOM TIENE QUE SER UNA SÍNTESIS DEL MEJOR HACER ENTRE LA INDUSTRIA Y LA ARTESANIA

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Customizar no es tunear, o dicho en castellano, la mona vestida de seda mona se queda.

La customización es la gran cuestión. Muchos usuarios de armas, cazadores y tiradores se preguntan qué diferencia real, sustanciosa y de peso hay entre un rifle de serie y una arma custom.

Sopesemos, entonces, con los pies en el suelo. Hay armas de serie magníficas, por supuesto que sí. Y customizaciones que son verdaderas patatas, claro que sí. Ahí cabe preguntarnos qué calidad estamos buscando.

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Hay que exigir calidad, es lo que un buen armero siempre ofrecerá porque es su vocación. Pero, si somos exigentes en muchos otros aspectos de nuestra vida debemos estar dispuestos a saber su coste y a asumirlo. Hablamos de armas, un armero profesional entiende que no está si no tratando con instrumentos mortales, donde los detalles de alta precisión son los que marcan la gran diferencia vital.

Customizar no es tunear. Un arma custom no es coger un rifle y añadirle una serie de accesorios que una vez ensamblados cambien la fisonomía del rifle para que cumpla una determinada función; es algo mucho más profundo.

Un tuneo es un simple lavado de cara. Mientras que customizar es reconstruir toda el arma desde cero para optimizar todas sus características y prestaciones, con mejoras en todas aquellas partes que los avances tecnológicos permiten a día de hoy y sin perder en todo instante las preferencias personales del cliente.

Para un armero profesional customizar es  aplicar conocimientos actualizados, procesos de última tecnología y el talento para que todo se funda con el arma del cliente sin perder el norte, es decir: escuchando al tirador, no descansaremos hasta haber mejorado el rendimiento y la estética del último detalle posible del arma mediante todos los avances tecnológicos disponibles. Todo aquello que se quede a medio camino de este objetivo, se queda en patata, porque al final, la calidad debe imponerse.

Es cierto que en las armas de serie podemos encontrar diferencias de precio que no reflejan diferencias de calidad. Esto ocurre porque hay fabricantes que saben hacer muy bien su labor y otros que todavía intentan captar mercado y nada más. Sin embargo, en la customización entra el artesano, entra el análisis y diagnóstico de cada arma en particular. Y esto, ya no es en serie. Aquí cuenta el trabajo bien ejecutado, las manos del armero, sus conocimientos, sus consejos, su asesoramiento, en fin, su tiempo, que no es oro sino diamante. Los trabajos bien ejecutados marcan la diferencia de la calidad.

Esto es la gran diferencia entre una arma de serie y una custom. Ahora entramos en detalles. El primero y el gran caballo de batalla para un armero profesional es demostrar que los cambios estéticos no pesan más que los técnicos, incluso es al contrario. La estética es pues, en sí misma, visible, palpable, fácil de contrastar y de constatar. Pero cuidado con la técnica, porque está, en la mayoría de ocasiones, medio oculta entre las partes, o es diminuta, o simplemente, no la entendemos. Y es comprensible, cómo no, el armero no le puede exigir al cliente que tenga los conocimientos que tiene él, pero si algo debe hacer el profesional es explicarse con claridad. Los cambios técnicos, casi siempre, ocupan diez veces más tiempo y dedicación que los estéticos. Los cambios técnicos son los que obligan al armero a tener utillaje de precisión, herramientas de última tecnología, sus conocimientos siempre al día y, sobretodo, talento para detectarlos y ejecutarlos bien. Los cambios estéticos también siguen unas pautas en los  acabados y florituras en el arma donde la vista es más agraciada para apreciarlos y disfrutarlos. La técnica es la que sin florituras y vetas de lujo, facilita al tirador que acierte en el blanco. Así, ocurre que nos encontramos rifles que cumplen los cánones del mercado custom estéticamente que son verdaderas patatas en la técnica, y llega el caos.

Siguiendo con más detalles, si uno está planteándose la opción de customizar su arma debe hacerse estas preguntas básicas, que no son tan importantes como las respuestas que sí deben servirte de guía en los primeros pasos para tomar una decisión. Por lo tanto, hay que ser sincero con uno mismo y, ante todo, riguroso.

-¿Qué estoy buscando? ¿Qué uso le voy a dar al rifle? ¿Quiero un rifle para mejorar mi caza? ¿Quiero un rifle para que soporte un  trato duro, o sea, muy técnico y resistente? ¿Quiero un rifle bello? ¿Quiero disparar a ciertas distancias concretas? ¿Qué quiero realmente? ¿Para lo que busco qué creo que es mejor, su estética o su técnica, ambas?

Un rifle custom tiene que ser una síntesis del mejor hacer entre la industria y la artesanía. Este rifle tiene que tener los mejores componentes y estar perfectamente ajustados por las manos del armero. Ahora bien, escoger estas piezas o accesorios no es tarea simple, su elección siempre dependerá de que sus características tanto técnicas como estéticas hagan mejorar el arma customizada respecto de estado anterior o de su igual en serie.

Decíamos antes que la técnica está para progresar, o sea, aumentar la eficacia y la eficiencia del arma. Aplicaremos cambios que redunden en la precisión del arma, cañones de características especiales, culatas en su parte técnica bien ejecutadas, encames de resinas, gatillos, percutores especiales, montajes de visores custom  etc…  Estos cambios suponen, casi siempre, mecanizar para su instalación puesto que es la única manera de que estén ajustadas a niveles centesimales. Significa que una vez terminada la customización, muchas de estas piezas no serían válidas para otras armas, y, por tanto, el arma final es única.

Imagine un montaje de visor mecanizado sobre el rifle que se ejecutará con una fresadora y un torno de precisión, siempre con las preferencias del cliente en primer plano, o sea, el uso final del rifle y el visor que se va a montar. Esto crea una solidez del conjunto y una perfecta alineación con el cañón, que nos va a eliminar todos los posibles errores de deriva y podremos situar su montaje en altura con más precisión.

Ahora imagine una culata. Si es de madera, debería ser de buen nogal con un secado lento no vaporizado como estamos acostumbrados a ver. Tiene que estar internamente muy bien ejecutada. Un cajeado de este tipo es casi una obra de arte, por la paciencia y multitud de mediciones que el armero está obligado a demostrar, ya que de este trabajo dependerá la duración de la culata y la precisión del rifle. Si, además, la ejecución de sus acabados, su simetría, sus proporciones, las vetas y granos de la madera son aspectos que el artesano ha respetado estamos ante una obra de artesanía única. Única, porque seguro que el armero habrá creado una simbiosis perfecta entre la madera y todos los metales que después colocará.

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Si la culata es sintética, el mercado ofrece una gama amplísima, pero escogeremos aquella mejor diseñada para el objetivo del cliente y con la mejor calidad de componentes.

Ahora, por fin, llegamos a la parte técnica de los metales. Aquí el armero es donde puede lucirse de verdad, si sabe hacer bien su trabajo. Aquí podrá convertir la precisión de un mulo en la de un jaguar, siempre que estemos ante una de las exigencias del cliente, porque esta labor es larga, meticulosa, difícil, rigurosa y costosa. Hablamos de ajustes centesimales con utillaje que muchas veces se emplea durante unos minutos y en el que el análisis del arma para su operación ha supuesto el corazón del trabajo final. Aquí, los conocimientos del armero necesitan sentarse a medir, ponderar, ajustar y contrastar todas las variables. Además, los ajustes de montaje son de nivel match, siguiendo todos los protocolos exigidos,

En cuanto a las partes metálicas estas tienen que estar perfectamente ajustadas y seguir los protocolos de montaje de cada una de las piezas , no descuidar ningún detalles pues eso marca la diferencia entre un arma custom y de serie,  a nivel técnico los ajustes tienen que ser excelentes para todas las partes: gatillos, cañones, seguros etc. Aquí llega el momento de que la estética se muestre, cuando la técnica ya ha terminado su trabajo, porque cada una de las piezas tiene que tener su acabado de protección o decorativo.

Finalizando, hablaremos de los acabados del metal, sus pavonados. Yo aconsejo siempre un pavonado al ácido que permite realizar una oxidación lenta en varias capas que aumenta la protección y realza la belleza del conjunto,  no ataca a las soldaduras y tiene mantenimiento. Hay otras piezas que se pueden  terminar con acabados más decorativos como pavonados azulados o color Case Hardening. Si, por ejemplo, el rifle es para caza en montaña es una buena idea usar el acero inoxidable y un acabado mate de las partes.