Articulo publicado en SENDAS DE CAZA  nº 101 y en ARMAS Y MUNICIONES Nº 333

Nº 101Nº 333

» EL GATILLO, MUCHO MÁS QUE PARA DISPARAR

En diversos artículos hemos hablado de partes fundamentales del arma. Opino que aquellas partes donde más contacto tienen con el cuerpo humano son las que más trabajo requieren para minimizar los riesgos que nuestra naturaleza imperfecta provoca. Si la actitud de nuestro cuerpo en cada posición es importante, la actitud particular de nuestras manos es, obviamente, fundamental en las partes del arma que sostiene al disparar.

En esta ocasión, me interesa una mano en concreto y lo que hace para dar en el blanco o fastidiar una oportunidad. Hablo de la que se encarga de presionar el gatillo. El dedo ejecutor y su fuerza inician en milésimas de segundo todo un cúmulo de reacciones en cadena que pueden o mejorar la precisión del tiro o no influir o perjudicar gravemente todo el trabajo realizado por los demás elementos del arma. El gatillo es una de las partes del arma cuya reacción en cadena suscita más atención, sobre todo entre los tiradores, mientras que dentro del noble ejercicio de la caza recibe menos esmero.

Sistemas de disparo los hay de muchos tipos que han sido creados a lo largo de la historia. Podríamos dedicar interminables artículos para analizar su historia y su evolución, pero nos vamos a centrar en los actuales. Las ventajas que nos ofrecen por su versatilidad y modularidad demuestran que los mecanismos de disparo son de los conjuntos del arma más influyentes en todo el ejercicio del tirador. Además, y sin ninguna duda, estos mecanismos son los más difíciles de producir. La complejidad de la maquinaria que se utiliza y la dificultad de encontrar profesionales debidamente cualificados causa tan pocos fabricantes específicos de gatillos en el mundo, ya que deben saber trabajar piezas de micro-mecánica de precisión dirigidas a aumentar su exactitud al presionar el gatillo.

A pesar de la variedad de tipos, se van imponiendo los gatillos modulares para casi todas las armas. Estos gatillos abaratan el montaje y su ajuste durante todo el proceso de fabricación del arma porque no hace falta una alta cualificación ni tampoco herramientas manuales. Al contrario ocurre, por ejemplo, en las escopetas yuxtapuestas clásicas. Aquí, es absolutamente necesaria la intervención de un armero que deberá dar a cada uno de los disparadores una presión distinta. Esto requiere mucha paciencia y saber hacer, aspectos que para una producción en serie han tenido que evolucionar hacia la creación de los actuales disparadores modernos.

Si queremos customizar un rifle podremos escoger entre varios fabricantes de alta calidad. Sin embargo, lo que debemos tener muy claro no es otra cosa que el margen de seguridad. Los gatillos no son infinitamente regulables, hay márgenes de seguridad que no se deben traspasar. Se corre el peligro de que se originen disparos fortuitos si no somos expertos. El primer consejo es leerse bien las instrucciones del fabricante de gatillos, ahí siempre explican el modo de actuar del disparador.

Cuando buscamos la precisión, las armas de serie nos ofrecen una seguridad muy alta que, a su vez, impide ese rigor necesario en esta disciplina. Para la precisión hace falta más versatilidad, esto supone más riesgo, lo que exige mayor responsabilidad y, por lo tanto, mayor conocimiento por parte del tirador.

La presión sobre el gatillo es la clave. Ahí donde la imperfección humana toma contacto con el arma es donde hace falta corregirla. La tecnología entra en el juego, la minuciosidad centesimal rectificará las presiones que ejercemos sobre el gatillo que pueden desviar el tiro. Desde el instante que deslizamos el mecanismo todos los resortes deben accionarse a la mayor velocidad posible de modo que se ahorren la mayor cantidad de milisegundos antes de que la aguja percutora golpee el cartucho: cuanto menos tiempo tarde este proceso más precisión tendrá el tiro. Los disparadores de competición son totalmente diferentes de los de serie en todos los aspectos, diseño interno y rango de precios. Además, estos diseños internos deben mantener la seguridad del arma aun disparando con muy poca presión.

A la hora de escoger un disparador lo primero a tener en cuenta es el uso destinado al arma. Por ejemplo, no tiene sentido colocar en un rifle que se utiliza en monterías un disparador de competición. Es más, resulta hasta peligroso, como pretender realizar un rececho a larga distancia con un disparador de 2.5 kilos de presión.

Existen disparadores que combinan ambos sistemas, son los llamados de pelo. En un mismo sistema disponemos de un gatillo estándar y, mediante un mecanismo, pasamos a un gatillo fino para ejecutar tiros con más precisión. Este sería un gatillo típico europeo que montan algunos fabricantes de rifles de Europa.

En cambio, el gatillo más parecido norteamericano tiene diferencias, hablamos del gatillo directo con regulación. De este tipo de gatillos derivan los disparadores preparados para hacer tiros largos y de precisión con rangos de regulación de entre 50 a 250 gramos de presión sin ningún recorrido y totalmente directos. Para un rifle de caza normal un gatillo con un 1.5 kilogramos de regulación óptima en manos expertas se puede bajar hasta los 800 gramos. Estas medidas solo sirven para un gatillo convencional y hay que contrastarlas por las dadas desde la fábrica.

Si deseamos disparadores con rangos de presión más bajos, se tiene que optar por los especiales, más seguros y fiables. La técnica de disparo con estos gatillos es específica y exige que sus mecanismos internos estén montados con una precisión mucho más exhaustiva que la que buscamos en la diana. Porque lo que nadie quiere es un disparo indeseado mientras estamos apuntando y tomando la posición de tiro. En esta disciplina lo último que se toca es el gatillo y sola cuando ya se tiene la absoluta certeza de que el disparo va a conseguir el objetivo.

La colocación de un disparador la tiene que realizar un profesional. No se trata, ni mucho menos, de atornillar y regular con mayor o menor fortuna. Hay factores que influyen en el funcionamiento y su instalación. Podemos encontrarnos que gastamos un buen presupuesto en un gatillo de alta calidad que mal instalado resta precisión al rifle.»